MARCO TEÓRICO
ECONOMÍA DEL TIEMPO Y PRAXIS DEL SUBMITTERE
Apuntes hacia una síntesis
materialista-existencialista
Pablosky Terreno
General Roca, Patagonia, Argentina
Mayo 2026 — Versión 8.0
«Es
preciso soñar, pero con la condición de creer en nuestros sueños.» — Vladimir
Ilich Lenin
SOBRE EL MÉTODO: LA FILOSOFÍA
DESDE LA INTERFAZ
Este marco
teórico no reclama la genealogía de la biblioteca, sino la de la urgencia. No
fue gestado en la comodidad de un seminario, sino en la horizontalidad de la
cama —ese espacio de repliegue existencial muy cercano al poële de Descartes— y
en la fatiga del cuerpo obrero.
Su validación
no proviene de la cita académica, sino de un proceso de especulación dialéctica
mediada por Inteligencia Artificial. Los conceptos aquí expuestos fueron
testeados, tensionados y refinados en un diálogo constante con modelos de
lenguaje (Kimi, Claude y Gemini). Esta colaboración no es accesoria: es la
prueba misma del General Intellect en acción.
Utilicé a la
IA no como una enciclopedia, sino como un espejo técnico para procesar el
«ruido» de la experiencia y convertirlo en estructura. Si este texto logra una
síntesis materialista-existencialista, es porque nació del cruce entre el vacío
subjetivo y el procesamiento de datos del sistema. Es, en sí mismo, un acto de
soberanía cognitiva.
I. LAS TRES DIMENSIONES DE LA
OPRESIÓN
La
explotación contemporánea no es un fenómeno unidimensional, sino una estructura
trilógica que captura al sujeto en su totalidad.
Condición Material Primera (C1): La Necesidad Colonizada
El ser humano
es, en su base, un organismo de necesidad. Antes de cualquier idea, cualquier
cultura, cualquier filosofía —existe el hambre, el frío, el cansancio. Pero la
necesidad no es solo el punto de partida —es el motor del acto que define a la
especie: el trabajo.
A diferencia
de otros animales, el ser humano no solo reacciona a la carencia —la
transforma. Antes de trabajar, imagina el resultado. Después lo materializa. En
ese acto de transformación consciente de la naturaleza, el ser humano se
realiza como especie. A esto Marx lo llamó trabajo en sentido genérico —no el
empleo ni el salario, sino el acto creador que conecta al sujeto con la materia
y con su propia humanidad. Cuando pego un ladrillo y veo la pared que construí,
me reconozco en ella. El trabajo en su forma originaria no es sacrificio —es
realización.
Durante miles
de años, esa realización fue colectiva. Las primeras comunidades no tenían
propietarios ni desposeídos —tenían producción común y distribución compartida.
La necesidad era de todos, el trabajo era de todos, y el producto también. A
esto Marx lo llamó comunismo primitivo: no una utopía, sino una realidad
histórica concreta.
Todo cambió
con el excedente. Cuando la producción superó el consumo inmediato apareció la
posibilidad de acumular. Y con esa posibilidad, una pregunta nueva: ¿de quién
es lo que sobra? La respuesta no fue neutral ni inevitable —fue histórica y
violenta. Quienes tenían más fuerza, más organización o más control sobre los
medios de producción se apropiaron del excedente. La apropiación privada
destruyó las relaciones comunitarias de producción y dividió a la humanidad en
dos posiciones fundamentales —los que poseen y los que no poseen.
Desde ese
momento, cubrir la necesidad básica dejó de ser un derecho colectivo y el
trabajo dejó de ser realización. Se convirtió en instrumento de otro. Ya no
trabajo para crecer —trabajo para sobrevivir. El producto no me pertenece, el
proceso no me define, el tiempo libre es una migaja que el sistema llama
descanso. La conexión entre el ser humano y su acto creador quedó rota. Ahí
nace la Condición Material Segunda: el trabajo alienado como destrucción
histórica de lo que el trabajo originariamente constituía.
Aquí vale una
advertencia que Marx le hizo implícitamente a toda la filosofía que lo precedíó,
incluido Hegel: el Espíritu Absoluto, la Razón Universal, la contemplación
filosófica —todo eso fue posible porque alguien más resolvió la necesidad por
quienes pensaban. Hegel escribió su filosofía apoyado en miles de trabajadores
que nunca tuvieron tiempo libre para pensar. No lo vio —o no quiso verlo. Las
condiciones materiales de existencia no son el fondo oscuro del pensamiento
humano: son su condición de posibilidad. Las debilitan para quien no posee y
las amplífican para quien tiene tiempo libre. Toda filosofía honesta debe
reconocer desde dónde piensa.
Condición Material Segunda (C2): La Plusvalía del Cuerpo
La
apropiación del excedente no fue un momento histórico que quedó atrás. Fue el
punto de partida de una lógica que se fue perfeccionando durante miles de años
hasta llegar a su forma más eficiente: el capitalismo industrial.
Con el
feudalismo, la extracción era visible y brutal —el siervo trabajaba tres días
para el señor y tres para sí mismo. La opresión era transparente. Con el
capitalismo, la extracción se volvió invisible y por eso más eficiente: el
trabajador es «libre» de vender su fuerza de trabajo a quien quiera. Nadie lo
obliga. Pero si no la vende, no come. La libertad formal oculta la coerción
material.
Marx llamó a
esto plusvalía: la diferencia entre lo que el trabajador produce y lo que
recibe como salario. Ese excedente —que hoy llamaríamos ganancia— no surge de
la inteligencia del capitalista ni del riesgo del inversor. Surge del tiempo de
vida del trabajador que no le es remunerado. El salario no paga el trabajo
—paga exactamente lo necesario para que el trabajador pueda volver a trabajar
mañana. Reproduce la necesidad para el siguiente ciclo.
El cuerpo del
trabajador se convierte en mercancía. Su tiempo de vida —irreversible, finito,
irrecuperable— se transforma en valor de cambio. Y el miedo a la precariedad —a
no poder cubrir la C1— es el látigo invisible que garantiza la disciplina sin
necesidad de capataz.
Aquí vale una
precisión que Marx desarrolló en los Grundrisse y que conecta directamente con
la C3: el capitalismo no solo extrae trabajo físico. Extrae conocimiento. A
esto Marx lo llamó General Intellect —la inteligencia colectiva acumulada por
la especie, incorporada a las máquinas, a los procesos productivos, a la organización
social. Cuando una fábrica automatiza una tarea, no está usando capital —está
usando conocimiento acumulado por generaciones de trabajadores. Ese
conocimiento fue apropiado, codificado y puesto a producir para el capital sin
retribución a quienes lo generaron. El conocimiento no es metafísico ni flota
libre de las condiciones materiales: es una fuerza productiva. Su apropiación
por el capital es tan real como la apropiación del tiempo de trabajo físico. La
C2 no termina en la fábrica —se extiende hacia la mente. Ahí nace la Condición
Material Tercera.
Condición Material Tercera (C3): La Plusvalía de la Atención
El
capitalismo del siglo XXI encontró una nueva frontera de extracción: la
cognición humana fuera de la jornada laboral formal. La lógica es la misma que
en la C2 —apropiación del tiempo de vida para generar valor— pero el mecanismo
es radicalmente distinto. Ya no necesita el látigo de la precariedad inmediata.
Usa algo más sofisticado: el deseo, la validación social, el miedo al olvido.
Las plataformas
digitales no son servicios gratuitos. Son fábricas donde la materia prima es la
atención humana y el producto es el dato de comportamiento. Cada scroll, cada
like, cada segundo de visualización es trabajo no remunerado que genera valor
para el capital. El usuario no es el cliente —es el obrero. Y a diferencia de
la fábrica, este obrero trabaja voluntariamente, con placer, en su tiempo
libre, convencido de que se está divirtiendo.
Si en el
siglo XIX el capitalismo luchaba por extender la jornada laboral a 12 o 16
horas, en el siglo XXI logró algo más ambicioso: colonizar las 24 horas. No
mediante la obligación sino mediante la seducción. El algoritmo no te ordena
quedarte —te engancha. Está diseñado con precisión científica para explotar los
mismos mecanismos neurológicos que evolucionaron para garantizar la
supervivencia: la búsqueda de novedad, la validación del grupo, el miedo a la
exclusión social.
Aquí el
General Intellect adquiere su forma más perversa: el capital usa el
conocimiento acumulado sobre la psicología humana para extraer atención. Las
neurociencias, la psicología del comportamiento, el diseño de experiencia de
usuario —todo ese saber colectivo está puesto al servicio de maximizar el
tiempo que pasás mirando una pantalla generando datos.
El resultado
es la forma más sofisticada de alienación que haya existido: el sujeto no solo
está alienado de su producto de trabajo —está alienado de su propio
pensamiento. No sabe qué piensa realmente porque nunca tiene el silencio
suficiente para saberlo. El ruido digital permanente no es accidental —es
funcional al sistema.
Y aquí se
cierra el círculo con la C1: la atención colonizada impide que el ciclo
metabólico cierre. El cuerpo descansa pero la mente sigue trabajando para el
capital. La carencia artificial es ahora cognitiva —nunca hay suficiente
silencio, suficiente tiempo, suficiente pensamiento propio. Las tres
condiciones operan simultáneamente sobre el mismo sujeto. Eso es el Submittere.
Nota: Incluso este marco teórico fue forjado usando las
mismas herramientas que el sistema usa para la sustracción de atención, pero
desviando su potencia hacia la producción de Tiempo Soberano.
II. EL SUBMITTERE: LA CONDICIÓN
MATERIAL FUNDAMENTAL
El Submittere
(del latín: sub – debajo, mittere – ceder/enviar) no es una condición más, sino
la síntesis operativa de las tres anteriores.
Es la praxis
donde el capitalismo logra su victoria más eficiente: el sujeto, cercado por la
necesidad (C1), agotado por el trabajo (C2) y anestesiado por el algoritmo
(C3), se auto-cede al sistema. En el Submittere, el oprimido se convierte en el
administrador de su propia explotación. Es un estado de rendición ontológica
donde el sujeto deja de ser dueño de su tiempo para ser procesador de estímulos
del capital.
El
capitalismo cognitivo no suprime el deseo; lo redirige hacia satisfacciones de
mínimo esfuerzo energético, bloqueando el acceso a formas de gratificación que
requieren elaboración subjetiva y producen efectos duraderos.
La
trampa: el sujeto busca refugio en el consumo digital como alivio del
agotamiento, pero en ese acto entrega su atención —última dimensión no
apropiada— al sistema que lo agota.
La psiquis del Submittere
El Submittere
no es meramente un mecanismo externo de dominación; es una estructura de
existencia psíquica. El sujeto entrelaza las tres condiciones para construir
una realidad que le resulte soportable. Desarmar ese nudo implica una caída al
vacío existencial: la vivencia de no tener un lugar en el mundo.
Esta
interdependencia forma un ciclo cerrado de autodefensa:
—
La necesidad (C1) impone el sacrificio: el sujeto
acepta la servidumbre mediante el imperativo de la supervivencia.
—
El trabajo (C2) amortigua la necesidad: la alienación
laboral proporciona una identidad y una rutina que mantienen a raya el terror
de la precariedad.
—
El algoritmo (C3) amortigua el trabajo: la
gratificación digital opera como anestésico que compensa el desgaste del tiempo
de trabajo.
Cada cuerda
sostiene a las otras. Soltar una cuerda amenaza con desintegrar al sujeto
mismo. Por esto, la opresión no se sufre solo como una imposición —se defiende
como una estructura de supervivencia psíquica.
III. EL AUGENBLICK MATERIALISTA:
LA FALLA DEL SUBMITTERE
Advertencia sobre el origen del concepto
El concepto
de Augenblick pertenece a Heidegger, cuyo compromiso con el nazismo en 1933 no
es un dato biográfico menor sino una consecuencia política de su propia
ontología. En Heidegger, la finitud genera autenticidad individual que puede
cerrarse sobre una comunidad étnica o nacional —ahí está el peligro. Este marco
realiza un desplazamiento explícito y opuesto: la finitud no separa al sujeto
del otro sino que lo une a él en la misma condición de explotado. El tiempo que
se acaba no es mío contra el tuyo —es nuestro, apropiado por el mismo
mecanismo. Por eso lo llamamos Augenblick materialista: el concepto es
desplazado de la subjetividad individual y el cierre identitario hacia el
reconocimiento de condición común. El materialismo es la vacuna contra el
peligro político que el concepto arrastra.
La falla estructural del sistema
El Submittere
no es eterno. Tiene una contradicción interna que el sistema no puede resolver:
para sostenerse necesita prometer más de lo que puede cumplir.
La promesa es
siempre la misma en sus distintas formas históricas: trabajá y tendrás techo.
Consumí y serás visto. Votá y serás representado. La promesa no es un error del
sistema —es su mecanismo de reproducción. Sin ella, la aceptación del orden
existente no tiene fundamento.
Pero el
capitalismo en su fase actual produce estructuralmente incumplimiento. La
precarización laboral no es una anomalía —es el modelo. La invisibilidad
algorítmica no es un fallo técnico —es el negocio. La guerra normalizada, la
crisis habitacional, la representación política vaciada de contenido: no son
excepciones al sistema sino sus productos necesarios.
Cuando la
promesa queda trunca —no para un individuo sino como experiencia colectiva y
simultánea— el Submittere pierde coherencia. La lógica de construcción de vida
que el sistema ofreció ya no cierra. Y en esa grieta aparece el Augenblick
materialista: no como revelación sino como síntoma. La señal de que el contrato
se rompió.
Ese instante
no garantiza nada. Puede disolverse en la próxima distracción o convertirse en
el punto de partida de una pregunta que el sistema no puede responder.
La finitud como pata cognitiva de la conciencia de clase
El
materialismo histórico clásico explica con precisión estructural por qué el
trabajador es explotado y cómo funciona ese mecanismo. Pero no termina de
explicar la urgencia. Por qué ahora. Por qué no esperar.
Aquí es donde
el existencialismo aporta lo que el materialismo clásico dejó incompleto.
Cuando el sujeto en el Augenblick materialista no solo reconoce la explotación
sino que siente que su vida se consume en ella, que el tiempo no vuelve, que no
hay segunda vuelta —la conciencia de clase deja de ser un análisis y se
convierte en urgencia existencial.
Esta es la
pata cognitiva que faltaba: la finitud como acelerador político. No me
reconozco solo como trabajador explotado —me reconozco como ser con tiempo
finito cuya vida se consume en reproducir un sistema que no me pertenece. Eso
radicaliza la conciencia porque ya no es solo un problema estructural
abstracto: es mi vida concreta, irrecuperable, que se va.
La conciencia
de clase se profundiza en tres dimensiones simultáneas: me reconozco como
especie —organismo de necesidad sometido a carencia artificial—, como clase
—explotado en mi tiempo de cuerpo y de mente—, y como ser cognitivo con
capacidad de crear, pensar y transformar. Las tres juntas producen algo que
ningún materialismo puramente estructural puede generar: la intransigencia del
que sabe que no tiene tiempo que perder.
El Augenblick
materialista dispara la pregunta. La militancia, la organización y la formación
política la profundizan y le dan dirección. Sin el Augenblick, la formación
política puede volverse académica —análisis sin urgencia—. Sin la formación
política, el Augenblick se disuelve en angustia individual sin dirección. La
chispa necesita combustible. El combustible necesita chispa.
Mi
muerte = Tu muerte = Nuestro tiempo apropiado. El tiempo que el capital sustrae
es nuestra humanidad misma.
IV. ONTOLOGÍA Y APROPIACIÓN DEL
TIEMPO: UNA APERTURA AL DEBATE
El tiempo no
es una invención humana arbitraria ni una categoría metafísica flotante. Tiene
un origen material preciso: la finitud biológica.
El animal
muere pero no sabe que va a morir. El ser humano sabe. Esa conciencia de la
finitud es el momento específicamente humano —y es el origen del tiempo como
dimensión. Antes de que existiera el reloj, antes de que existiera el
calendario, existía la certeza de que algo termina. De esa certeza emerge el
tiempo: lo que fue, lo que es, lo que vendrá.
En su estado
originario el tiempo es presencia. No una línea que se administra sino la
experiencia de estar aquí, ahora, vivo. Es inherente al ser humano porque nace
con él —de su finitud, de su conciencia, de su necesidad de orientarse en la
existencia.
Con el
desarrollo de las fuerzas productivas el tiempo se abstrae. Deja de ser
presencia vivida y se convierte en unidad de medida —horas, turnos, jornadas.
Esa abstracción no es neutral: es la condición para que el tiempo pueda ser
apropiado. Solo lo que se mide puede ser comprado y vendido.
El capital
perfecciona esa abstracción hasta su forma más alienante: el tiempo deja de ser
algo que tengo y se convierte en algo que me tiene. Ya no siento que estoy vivo
y tengo tiempo —siento que el tiempo se acaba y debo usarlo para producir.
El
materialismo no evade las ideas abstractas —explica su genealogía material. El
tiempo es tan material como el salario: tiene un origen en el cuerpo, una
historia en las relaciones de producción, y una forma actual determinada por el
capital.
Se propone
este marco como apertura al debate filosófico sobre la ontología del tiempo
desde una perspectiva materialista. La pregunta que queda abierta es esta: si
el tiempo es la dimensión dentro de la cual todas las condiciones materiales
existen, ¿su reapropiación no es la condición de posibilidad de toda
emancipación?
V. EL TIEMPO SOBERANO: UNA
INVITACIÓN HEURÍSTICA
No afirmamos
que el tiempo sea propiedad en sentido jurídico. Esa categoría pertenece al
sistema que criticamos y no nos sirve para superarlo. Lo que afirmamos es algo
más preciso: el tiempo es la única dimensión de la existencia donde la pregunta
¿qué hago? todavía tiene sentido. Es la condición de posibilidad de todo lo
demás. Antes que clase, antes que cuerpo, antes que conciencia —somos tiempo
finito.
Como punto de
partida operativo, ofrecemos la siguiente ecuación:
Ts = Tv − (Tw + Ta + Tn)
Esta
operación es, en rigor, una traducción forzada: traduce al lenguaje del sistema
que criticamos —el lenguaje de la medición, la cuenta y la resta— una presencia
vivida que en su origen no se administra ni se numera. La usamos no porque el
tiempo sea matemáticamente conmensurable, sino para mostrar, precisamente,
cuánto de esa presencia originaria se ha perdido bajo las formas de la
apropiación capitalista.
—
Ts : Tiempo Soberano – capacidad de crear historia
—
Tv : Tiempo de Vida – finitud biológica
—
Tw : Tiempo de Trabajo – C2 (apropiado por el capital)
—
Ta : Tiempo de Algoritmo – C3 (sustraído por la
atención)
—
Tn : Tiempo de Necesidad – C1 (secuestrado por la
precariedad)
La pregunta
que abre no es técnica. Es política y existencial al mismo tiempo: ¿cuánto de
tu tiempo de vida está siendo apropiado, y por qué mecanismo?
VI. GLOSARIO DE CONCEPTOS
Para evitar
confusiones con el léxico materialista tradicional y precisar los conceptos
originales de este marco teórico:
Conceptos propios de este marco
—
Submittere: Estado de rendición ontológica donde el
sujeto, cercado por las tres condiciones materiales, se auto-cede al sistema y
administra su propia explotación. Síntesis operativa de C1, C2 y C3.
—
Augenblick materialista: Desplazamiento del concepto
heideggeriano. No es producido por la decisión del sujeto sino por la falla del
sistema. Es el instante en que el Submittere pierde coherencia —cuando la
promesa que sostiene el orden existente queda trunca— y el sujeto experimenta
que la lógica de construcción de vida ofrecida por el sistema ya no cierra. No
es revelación ni liberación: es síntoma positivo de la contradicción interna
del capitalismo. Su potencia política depende de lo que se construya en esa
grieta.
—
Tiempo Soberano (Ts): El tiempo que resta después de
las sustracciones del sistema. Capacidad de crear historia. Horizonte operativo
de la emancipación.
Conceptos del marco materialista utilizados
—
Apropiación: Acto del capital de apropiarse del tiempo
ajeno (plusvalor-tiempo).
—
Sustracción / Extracción: Proceso sistémico mediante el
cual el capital despoja al sujeto de su tiempo de vida.
—
Reapropiación: Acto del sujeto de recuperar su tiempo
como dimensión soberana.
—
Expropiación: Acto colectivo de revertir la apropiación
(horizonte implícito del marco).
—
General Intellect: Concepto de Marx (Grundrisse). La
inteligencia colectiva acumulada por la especie, incorporada a los procesos
productivos y apropiada por el capital. En su forma contemporánea incluye el
conocimiento sobre la psicología humana usado para extraer atención.
—
Trabajo genérico: Concepto de Marx (Manuscritos del
44). El trabajo en su forma originaria como acto creador que conecta al sujeto
con la materia y con su propia humanidad. Su perversión histórica por el
capital da origen a la C2.
El tiempo que el capital sustrae es nuestra humanidad misma. Reapropiémonos de él. No hay otra vida en la que hacerlo.
Pablosky Terreno
General Roca, Patagonia, Argentina
Mayo2026 — Versión 8.0
NOTA DEL AUTOR
Soy Pablosky
Terreno. Músico, obrero de la construcción, militante de izquierda y persona
que vive con trastorno esquizoide. No tengo formación académica ni cargo en
ninguna institución. Este texto nació en el cruce de esas experiencias: la
fatiga del trabajo físico, la práctica política organizada, el vacío
existencial que la militancia no siempre alcanza a llenar, y una manera de ver
conexiones donde el orden oficial solo ve ruido.
Mi música
trabaja estos mismos conceptos desde otro registro: el amor y la conciencia de
clase como dos caras de una misma pregunta por el tiempo que nos queda. Lo que
aquí se formula en prosa, en las canciones se formula en afecto. Uno no
sustituye al otro; se alimentan.
No escribo
para aportar a un campo disciplinario. Escribo porque necesitaba entender por
qué mi tiempo de vida se consumía en reproducir un sistema que no me pertenece.
Los conceptos que aparecen aquí —Submittere, Augenblick materialista, Tiempo
Soberano— son herramientas forjadas en esa urgencia, no en seminario. Si
dialogan con Marx o con Heidegger, lo hacen desde la calle y el ensayo, no
desde la cátedra.
Pablosky Terreno
General Roca, Patagonia, Argentina — Mayo 2026
Este documento es versión 8.0. Se actualizará a medida
que se profundicen las investigaciones históricas, y se concreten los aportes de
colaboradores académicos.